Running Academy | Guillermo Peña
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Hay una frase que repetimos mucho dentro de Running Academy GP: un atleta que entiende lo que hace llega más lejos.

No porque sea un eslogan bonito. Sino porque lo vemos todos los días.

Cuando una persona entiende por qué entrena así, por qué descansa en ese momento, por qué no debe copiar el protocolo del atleta de al lado… toma mejores decisiones. Y las mejores decisiones, sostenidas en el tiempo, dan los mejores resultados.


El problema de copiar lo que hace otro

En running hay una tendencia muy humana: ver lo que hace alguien que corre bien y querer replicarlo. El plan que publican en redes. Los kilómetros que hacen por semana. Los ritmos. Los métodos. Las herramientas que usan o que no usan.

Y aquí está el problema: el contexto lo cambia todo.

El caso del volumen e intensidad

Imagina que ves a un atleta que lleva más de 10 años entrenando, que termina una media maratón en menos de 90 minutos y que ya lleva decenas de carreras en las piernas. Entrena 6 veces por semana, hace series a ritmos muy exigentes y acumula 80–90 km semanales.

Ahora imagina a alguien en su primera o segunda media maratón, con menos de 5 años de experiencia, terminando en 2 horas o más, con un cuerpo que todavía está construyendo su base aeróbica.

¿Puede esa segunda persona hacer el plan del primero? No. No porque no tenga talento o no se esfuerce. Sino porque su cuerpo aún no tiene la capacidad de absorber esa carga sin romperse.

Copiar ese volumen de entrada no es ambición. Es una receta para la lesión, el sobreentrenamiento y la frustración.

Y nosotros lo explicamos. Siempre. Porque entender eso cambia la forma en que entrenas.


El ejemplo de los geles: la diferencia que nadie te cuenta

Este es uno de los casos que más se repite.

Un atleta lleva meses en su preparación para una media maratón. Un día, alguien le dice: "Yo no uso geles en carrera, ¿para qué los vas a usar tú?"

Y tiene razón… para ese atleta.

¿Cuándo NO necesitas geles en una media maratón?

Cuando corres 21K en 80 minutos o menos. A ese ritmo, el esfuerzo dura poco tiempo y el cuerpo puede sostenerse con sus reservas de glucógeno sin necesidad de recarga externa.

Para que te hagas una idea: 80 min en 21K equivale a un ritmo promedio de ~3:48 min/km. No es el corredor promedio.

¿Cuándo SÍ necesitas geles?

Cuando tu tiempo está por encima de las 2 horas. A partir de ese punto, tu cuerpo lleva mucho tiempo agotando glucógeno. Sin recarga, el bajón es inevitable: piernas pesadas, ritmo que se cae, mente que se nubla.

¿Y sabes qué pasó cuando ese atleta empezó a usar geles correctamente? Los vio. Y no solo los vio: los sintió. Terminó la carrera con más energía, mantuvo el ritmo y su tiempo mejoró.

La diferencia no estaba en el gel. Estaba en entender cuándo y por qué usarlo.


Por qué explicar el "porqué" es parte del entrenamiento

Muchos entrenadores dan un plan. Nosotros damos un plan y una explicación.

No porque nos guste escucharnos hablar. Sino porque cuando sabes por qué haces algo, cambia radicalmente cómo lo haces:

Si sabes que el rodaje suave de hoy construye base aeróbica…

No lo conviertes en una carrera de ego. Lo haces suave de verdad. Y eso tiene un efecto acumulativo enorme.

Si entiendes que la semana de descarga no es pérdida de tiempo…

No la saboteas metiéndote sesiones extra "por si acaso". La respetas. Y llegas a la siguiente semana de carga en mejor estado.

Si comprendes que las series de hoy tienen un ritmo específico y una razón detrás…

No las haces más rápidas porque "puedes". Las haces en el rango correcto. Y el estímulo llega donde tiene que llegar.

La comprensión convierte el plan en algo tuyo. No solo en algo que sigues porque alguien te lo dijo.


No todo lo que ves en redes es para ti

Esto vale para geles. Vale para kilómetros. Vale para ritmos. Vale para métodos de entrenamiento.

¿Ese atleta hace 100K semanales y tú llevas 3 años corriendo? No es tu fase.

¿Ese corredor no duerme la siesta antes de las series y rinde igual? Quizás su contexto de vida, estrés y recuperación es diferente al tuyo.

¿Ese método funciona muy bien para alguien que lleva 15 años entrenando y tiene una base que tú todavía estás construyendo? Aún no es el momento de aplicarlo al 100%.

La pregunta que cambia todo:

"¿Ese protocolo está diseñado para el nivel en el que estoy YO hoy, con mi historial, mis objetivos y mi contexto?"

Si la respuesta es no, tiene sentido que lo descartes o que lo adaptes. Y eso solo es posible cuando lo entiendes.


Cómo trabajamos nosotros

Cuando diseñamos un plan para un atleta, siempre hacemos tres cosas:

🔍

Evaluamos el punto de partida

Nivel actual, historial, objetivos y vida real.

📋

Diseñamos según ese atleta

No hay dos planes iguales. Cada sesión tiene una razón.

💡

Explicamos el porqué

Cada sesión tiene contexto. Cada decisión tiene un motivo.

El resultado: atletas que no solo siguen el plan, sino que lo comprenden. Que no cambian el protocolo porque vieron algo en Instagram. Que saben cuándo apretar y cuándo aflojar, y por qué.

Y eso, a largo plazo, es lo que marca la diferencia real.

"No basta con que el plan sea bueno. Tiene que ser el plan adecuado para ti, en este momento, con este nivel. Y tienes que entender por qué."

¿Quieres que revisemos tu entrenamiento y te expliquemos el porqué de cada decisión?

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